La jornada de ayer fue histórica, casi 15millones de venezolanos tuvimos la oportunidad de expresarnos en las urnas electorales...Alrededor de 6.500.000 de electores prefirió la opción "perdedora". Sin embargo, aun sigo creyendo que hemos ganado.
El que quiera llorar, patalear, maldecir, puede hacerlo es su derecho. Pero también es hora de capitalizar lo logrado. Debemos apelar a la autocrítica, ver ¿por qué existe un 54% de la población que aun sigue al Presidente?. Evaluar quienes de ese 54% de la población sigue siendo pobre de espíritu, de moral, de ética y de bolsillo. Saber de qué manera le está llegando el Gobierno a miles de personas excluidas desde siempre.
Ahora bien, tenemos que reconocer que los que votamos por Capriles somos de clase media, la que mueve a este país...Nosotros pagamos los impuestos, tenemos seguro médico, trabajamos en el área privada, no dependemos de este gobierno y eso nos hace libres. Ayer, mientras "celebraban" en el balcón del pueblo me surgió esta prosa que comparto: Y allá, montado en su balcón, cantaba el himno de la patria mirando hacia abajo a sus súdbitos...por 6 años más
Si de número se trata podemos decir que la oposición subió casi 2 millones de votos con respecto a la última elección. Logramos tener un candidato para presidente y un tanto para gobernaciones y alcaldías por consenso, en unas primarias donde participaron más de 3millones de personas. La Unidad fue nuestra consigna y los votos nuestra arma. Numéricamente la diferencia no es mucha, es algo así como 100mil ciudadanos por ciudad (con sus excepciones)... Siento que podemos ganar muchas gobernaciones a pesar de los números reflejados el día de ayer.
El voto de la alternativa democrática (me incluyo) era idealista. Es decir, votamos por intangibles pues nosotros que tuvimos la oportunidad de estudiar en escuelas privadas pagadas por nuestros padres, que a su vez alguna vez fueron pobres, tuvieron esa oportunidad en una Venezuela distinta, pero que tampoco muchos quieren hoy en día.
Nosotros, que seguramente no nos da un medio el Gobierno votamos por el futuro de progreso, por nuestros hijos, por los sobrinos, por los hijos de nuestros panas, por los presos políticos, por la delincuencia, etc. Debemos aceptar que existen otras personas que tienen necesidades y que son atendidas por el Gobierno. Ellos son los más vulnerables. No debemos perder de vista a la boliburguesía, enquistada en cada uno de los resquicios de las instituciones. Ellos son los verdaderos responsables, que conjuntamente con el Presidente han destruido y han permitido la destrucción del país. Hay una gran diferencia entre quienes tienen el poder y los que obedecen, porque no tienen opción y debemos tratar de entenderla aunque no la compartamos.
El desafio es grande, aun sigo creyendo en todos aquellos venezolanos que salimos a votar por esos ideales. Nosotros somos 6.500.000 de personas que debemos seguir trabajando, tenemos entereza, inteligencia, manos...Que esto no sea el camino para la derrota, sino para seguir floreciendo.
lunes, 8 de octubre de 2012
domingo, 25 de marzo de 2012
Peatón en mi ciudad: Caracas
A pesar de la lluvia que parece rocío, Caracas está con una agradable temperatura, no pareciera que estuvieramos cerca de Semana Santa. Quizás por eso no me pesa ser peatón por estos días.
Cuando me toca ser peatón, soy como el copiloto del auto. Sin duda alguien me lleva. Aunque el tráfico de la ciudad es terrible, me la estoy tomando con soda. No me importa, me lo vacilo.
Trabajo en un sitio neurálgico de esta metropolis, donde confluyen la red del metro y lugares icónicos como Plaza Venezuela y La Previsora. Salgo del trabajo, apuradita para devolverme a la casa temprano.
Ahora me encuentro esperando el Metrobus (Sistema de transporte terrestre del Metro de Caracas), que me da la oportunidad de detenerme a ver a las personas. Y lo primero que veo es un hombre sin hogar que dormía en una esquina del lugar, se levanta a las 5:00pm para pedir dinero a los que hacemos la cola. Una madre sola cargando a su niño, el bolso, su cartera y la bolsa con los viveres para su hogar. Ancianos que se conocen y hablan mientras esperan que los recoja el chófer del Metrobus, etc. Y así como todos los días, miles de personas repiten la rutina de ir y volver a su trabajo para ganarse el pan. Y yo, intrusa, los veo y trato de saber - durante ese momentico - si son felices, en esta ciudad que cada día es más caótica. Y durante estos ratos como peatón, sigo recordando la Caracas de la cual me enamoré, esa que he aprendido a querer a pesar de todo. Me repito, es mía! con El Ávila que nos protege, las guacamayas que surcan el cielo todas las tardes, la brisa fría en pleno marzo y cada una de esas sensaciones positivas que me produce vivir en esta ciudad.
Cuando me toca ser peatón, soy como el copiloto del auto. Sin duda alguien me lleva. Aunque el tráfico de la ciudad es terrible, me la estoy tomando con soda. No me importa, me lo vacilo.
Trabajo en un sitio neurálgico de esta metropolis, donde confluyen la red del metro y lugares icónicos como Plaza Venezuela y La Previsora. Salgo del trabajo, apuradita para devolverme a la casa temprano.
Ahora me encuentro esperando el Metrobus (Sistema de transporte terrestre del Metro de Caracas), que me da la oportunidad de detenerme a ver a las personas. Y lo primero que veo es un hombre sin hogar que dormía en una esquina del lugar, se levanta a las 5:00pm para pedir dinero a los que hacemos la cola. Una madre sola cargando a su niño, el bolso, su cartera y la bolsa con los viveres para su hogar. Ancianos que se conocen y hablan mientras esperan que los recoja el chófer del Metrobus, etc. Y así como todos los días, miles de personas repiten la rutina de ir y volver a su trabajo para ganarse el pan. Y yo, intrusa, los veo y trato de saber - durante ese momentico - si son felices, en esta ciudad que cada día es más caótica. Y durante estos ratos como peatón, sigo recordando la Caracas de la cual me enamoré, esa que he aprendido a querer a pesar de todo. Me repito, es mía! con El Ávila que nos protege, las guacamayas que surcan el cielo todas las tardes, la brisa fría en pleno marzo y cada una de esas sensaciones positivas que me produce vivir en esta ciudad.
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